TU VOZ
¡Qué palabras tan bellas me regalas!
Mientras que yo muy poco las entiendo.
Has tendido tu mano, te comprendo
eres Aquél, perdonas en las malas.
Ahí en mi corazón y como estacas
tu voz escucho siempre como estruendo
y yo en ellas me voy más sumergiendo,
pero aún mis creencias estan flacas.
Que cálidos consejos, ¡Oh Maestro!
Tu grandeza ya observo aquí en la vida
cada noche al orarte yo te muestro,
que a mi alma lastimada, adolorida
ya puedes Señor, darle tu secuestro
para hacer a mi vida colorida.
